La Rumba, la conga y la clave ñañiga en Ignacio Piñeiro (Primera parte)

Ignacio Piñeiro vestido de rumbero en el 1929
En la historiografía musical cubana todavía están por valorarse los aportes que hizo a la rumba Ignacio Piñeiro, el gran sonero cubano.

Ya en su obra periodística Alejo Carpentier había desentrañado la raíces afro-hispanas de la cultura cubana, cuando al referirse a la rumba, sentenció: “Todo cabe en ella: todos los ritmos constitutivos de la música cubana, además de los ritmos negroides que puedan cuadrar con la melodía. Todo lo apto para ser admitido por un tiempo de 2 por 4 es aceptado por ese género que más que un género, es una atmósfera. Esto sin contar que en Cuba no hay una rumba, sino varias rumbas.” (1)

El vivo ejemplo que demuestra nuestra “salsa” musical, lo es sin lugar a dudas Piñeiro, no solo por el legado de su obra musical en el son, sino desde la niñez en su tránsito por los orfeones de claves y de rumba. Al referirse a su impronta en la rumba, el profesor Argeliers León sintetizaba: “Ignacio Piñeiro, de la clave El Timbre de Oro, fue un caso de excepcional capacidad creadora.”(2)

Por todo ello aún hoy suenan los tambores de una rumba, pero ya no solamente en la capital de los cubanos, su emporio; es algo intrínseco a todos los isleños del verde caimán y tan simbólico como la palma real. También es cierto, y en esto coinciden sus cultivadores, que “la rumba no es como ayer”. Por ello los músicos, creadores y promotores de nuestros tiempos quieren hacer la rumba de “tiempo España”.

Hoy Cuba siente orgullo de Ignacio Piñeiro por su conocida contribución al son. Sí, ese al que nadie como él supo “echarle la salsita”, donde cristalizó el más bailable de los géneros musicales, el son habanero. Pero pocos reconocen su aporte a la rumba, y es que él fue síntesis y semilla, por ascendencia afro-ibérica, de nuestra cultura cubana.

Del orfeón de claves al coro de rumba

De niño, al tiempo que estudiaba la enseñanza primaria, desempeñaba distintas labores. Junto a su hermano menor, Prudencio, fue carretonero trasladando mercancías desde los muelles a los bodegones, almacenes y vendiendo carbón; esto lo fue relacionando con personas de todos los estratos sociales, particularmente con los babalawos y ñáñigos, con quienes compartió y asimiló los cantos africanos en ceremonias religiosas y el vivir diario que lo rodeaba, pues su entorno social es la meca de los cantos africanos: el abakuá, la santería y el espiritismo en los barrios Pueblo Nuevo, Carraguao, Jesús María, Los Sitios, Punta Colón, Atarés, El Manglar y San Leopoldo.

Tenía unos diez años cuando empecé a hacer mis primeras composiciones. Por aquella época, en el barrio de Pueblo Nuevo, donde crecí y estudié, existían distintos cabildos africanos. Por consiguiente, las costumbres de los muchachos que estábamos unidos a ellos y les hacíamos los mandados, consistieron en adquirir su estilo musical. Y aprendimos muchos de sus cantos. (3)

Frecuentaba los cabildos de los barrios negros de la Habana, cosa que hacía a la salida de la escuela primaria, la cual fue su única enseñanza. Fue estibador en los muelles donde aprendió los cantos abakuá. (4)

Muy activo y emprendedor de adolescente, trabaja como carpintero, tonelero, fundidor, tabaquero y albañil; este último oficio con gran maestría, siendo su principal forma de subsistencia a lo largo de su vida. Así campeaba por su respeto por el barrio de Carraguao, codeándose con los negros congos y lucumíes, “¡limpiando mucho mondongo!” (5)

Comienza con el coro de claves Mulato del Solar, convirtiéndolo en uno de los grupos iniciadores del género de la rumba y, posteriormente, en los grupos de claves: Timbre de Oro y La Unión, en Pueblo Nuevo; La Discusión y Juventudes, en Los Sitios; Arpa de Oro, Moralidad, y El Botón de Oro, en Jesús María.

El coro de claves El Timbre de Oro, del barrio Jesús María, fue la escuela en la que Ignacio Piñeiro se consolida por los caminos de la música. “A los 16 años era el director de la clave Timbre de Oro. Comencé parodiando a Calderón de la Barca.” (6) Después se reincorpora a Los negros Curros del Cayo y dirige exitosamente el coro Los Roncos, de Pueblo Nuevo, agrupación rumbera a la que dedicó sus mejores años de juventud y para la que compuso sus primeros guaguancós: El edén de los Roncos, Cuando tu desengaño veas, Mañana te espero, niña y ¿Dónde estaba anoche?

Piñeiro se destacó como decimista en las controversias por su privilegiada voz y poéticas inspiraciones. La rivalidad con los rumberos Elías Aróstegui, Tomás Ariza, Severino Alfaro y Manuel Navarro, todos del coro El Paso Franco, en el barrio de Carraguao, fueron famosas por su elevado matiz poético, teniendo en consideración que “Severino Alfaro era poseedor de una ‘voz de oro’ como cantante de rumbas, así como Manuel Navarro de profunda voz aguda y al que no aceptaron  jurarse como abakuá por ser blanco y rumbero de envidiables condiciones.”(7)

La encarnizada rivalidad entre el coro Paso Franco que lideraba Agustín Piña —conocido como “Flor de amor”—, perteneciente a la Potencia Abakuá Eforí Buman, y  el coro Los Roncos, tuvo como resultado la creación del guaguancó por parte de Ignacio Piñeiro. “Cómo vino la bronca entre Los Roncos y el Paso Franco —narraba Santos Ramírez, Jr. —, ya venían las pullas entre ellos y en casa del Omobon del Paso Franco, que era el falsete del grupo, dieron una fiesta de cumpleaños y allí Los Roncos presentes, empezaron a cantar con el estilo ‘pullero’ el guaguancó y el Omobon del Paso Franco en su respuesta no reconoce el guaguancó, la gente de los Roncos se fueron disgustados y empezó la guerra. Ignacio, que era la pluma principal de Los Roncos, le sacó:



Cuando tu desengaño veas,

De tantas ilusiones que te alientan,

Buscarás los lugares más oscuros,

Para poder llorar a solas tantas penas,

Mientras yo al verte adolorido y triste,

Le canto al Mundo mis hazañas nuevas,

Y a ti te digo, no te atrevas,

A provocar, más nunca, la ira de los Roncos,

Ven a gozar con el Edén,

Que tienen los Roncos.



Esto motivó que Tomás Ariza le sacó en respuesta a Ignacio:



  Como adoran al Santón,  

  La turba falaz y salvaje,  

Y así adoran a Diobáculo,

Da tristeza ver como se arrastran,  

Cuatro kilos por el lodo,  

Público tú juzgarás,

Llamarnos a nosotros escoria,  

Eso no tiene nada que ver,  

Nos dan ese apelativo sin saber por qué.



La réplica de Piñeiro fue:



Hoy pregunta Paso Franco,  

Si es que alguna vez su huella,

Ver si anuncian algunos de ellos,  

Se ha preguntado por él,  

Nosotros estamos seguros,  

Que nos van a echar reyones,  

En busca de diversiones,  

Para no tener que oír,  

Cuando suenen las canciones,  

Como dicen esas gentes,  

Ven a gozar con el Edén,  

Que tienen los Roncos. (8)



Al componer el guaguancó ¿Dónde estaba anoche?, Ignacio dejaría por sentado de forma categórica el género de la rumba, íntegramente definido en su estructura con: llamada de atención-introducción, desarrollo del texto a manera de crónica social-contextualizado, coros-improvisaciones alternando con el decimista y los instrumentos (Quinto) y el cierre. Hasta este momento en que Ignacito asume y define su manera de cantar y dirigir sus rumbas, este género pasa de una ejecución instrumental festiva-religiosa, sale de los cabildos y solares popularizándose con organicidad propia, definitiva armonía y cadencia que fonéticamente acentúa la clave del ritmo estable de la polirritmia de los tambores. Por esto Piñeiro rivalizó y triunfó con todos sus contrincantes y en más de una ocasión brilló en las improvisaciones con sus elegantes décimas de altura poética. Definitivamente, Ignacito estructuró y dio a conocer, con elegantes letras —que no tenían los cantos africanos de los cabildos y los solares—, las primeras rumbas, guaguancós, columbias y yambúes.

2- foto (SN-1929 Pabellon de Cuba Feria de Sevilla)


El poeta de la rumba y repentista

Aunque Ignacio tempranamente abandonó la escuela para trabajar en cuantas oportunidades se le presentaran, desde muy niño poseía un verbo dúctil y una agilidad para improvisar poemas y décimas con perfección, matizados con frases bellas y exuberantes, muy por encima de su origen humilde, que bien acompañaba con su elegante y pulcro vestir.

Era un buen conocedor del idioma español, utilizando siempre frases llanas. Era un genio mayúsculo. Muy inteligente para sacar un número en el momento. Era muy espontáneo. Piñeiro tocaba contrabajo y guitarra, nunca estudió música, para nada, pero era un armonista grandísimo —el estilo cubano lo tenía dentro de su cabeza—, mezcló el son con el guaguancó y la poesía. (9)

Guillén se inspiró en los sones de Piñeiro, los analizó y se dio cuenta de cómo era la cosa de la repetición, los estribillos, de cómo era el son y cuando empezó a escribirlo, le llamó la atención a García Lorca y a todos los poetas y ha hecho de eso un género porque fue un descubrimiento de él. Aprendió en la calle. Cuando yo enseñaba en la escuela empecé a analizarlo, a oírlo, y me di cuenta: ¡Ah, el problema es que este hombre canta en guaguancó!(10)

Ya desde 1906 da muestra de su talento repentista cuando compone, durante una de los acostumbrados duelos con otros decimistas del coro Paso Franco, la rumba ¿Dónde andabas anoche?,dedicada a Siroco, un bailador de rumbas conocido por Ignacio y que todo parece indicar fuera un destacado bailador de guaguancó simpatizante de Los Roncos.



Avísale a mi contrario que aquí estoy yo,  

Que venga para que aprecie dulce cantar,  

No quiero que después diga,  

Que di la rumba y no lo invité,  

Que venga para que aprecie sonoridad,  

¿Dónde andabas anoche?,  

¡Que bien te busqué!,  

Recorrí La Habana,  

Y no te encontré,  

Ven ven, Siroco, ven, ven.



Esta posteriormente fue arreglada como guaguancó-son para ser interpretada por su Sexteto Nacional, momento en que se le adiciona: “Me fui con mamita y a Siroco seguí, / Me gustó su canto y con él me fui. / Ven ven, Siroco, ven ven, / Hay Siroco ven ven.”(11)

Y de esta manera se cambia “avísale a mi contrario” por “avísale a mi vecina”. También ha ocurrido que se utiliza —debido a la transmisión oral del folclor—, la sustitución de Siroco por Iroco pues, según el ideario yoruba, Irico es la Ceiba protectora de los Ibeyis, de acuerdo a uno de los patakines legendarios referidos a Shangó.

Otra de las obras en guaguancó creadas por Piñeiro, en la guerra musical con el coro de clave Paso Franco, cuando se pensaba ya había sido derrotado Los Roncos y que su coro “Para la niña, para señora”, dedicado a las mujeres del Solar la Bella —territorio del Paso Franco en Carraguao—, ha trascendido hasta nuestro días en todas las improvisaciones de rumbas y sones, es:



Mañana te espero, Niña



Mañana te espero niña,

Levántate bien temprano,

Para que escuches canciones,

Dulce y alegre como el trinar,

Apréndete de memoria,

Para que le cantes a aquellos,

Que creyeron que había muerto,

El Ronco existe, Boba,

Pero Boba,

¡Qué Pan te comiste!

A na na na… …

Ay mi niña ¿por qué te apuras?

Deja ese maldito dicho,

Que te lleva al precipicio,

Ante todo el que no quiere,

Qué lindas son las mujeres,

Los hombres no tienen precio.



¡Oye!

Coro: Para la niña, para señora (12)



Muchos son los yambúes y guaguancós compuestos por Ignacio Piñeiro, quien resultó vencedor en sus duelos con el coro de clave El Paso Franco al imponer el desconocido y finalmente aceptado guaguancó; además de lograr la evolución y transformación de los coros de clave en coros de clave y guaguancó, al terminar la “guerra” en 1912 cuando empezaba a imponerse el son habanero y la mayoría de los cultivadores de rumbas se convirtieron en soneros.

Pero Ignacio Piñeiro, desde principios de siglo, venía viviendo de componer sones y guaguancós. Es por ello que fuera reconocido por la prensa habanera y los músicos cubanos, en 1928, como “El poeta del son”, atribuyéndosele ser pionero en la fusión de géneros, como el son. Una de esas obras populares que llevan la fusión del guaguancó y el son fue estrenada en el Garden Bar del Hotel Plaza, cuando el Septeto Nacional, en 1932, tocaba junto con la orquesta Jazz Band de Moisés Simmons.



Zámbale (no se sabe cómo vive)



Allá en La Habana

Hay una negra que se llama

Sabina Gómez

Que por el día ella cocina

Y por la noche anda

De bolandera

Y los muchachos

Del Pueblo Nuevo le llaman

La Muñanguera

Porque de día ella cocina,

Y por la noche

De bolandera



Coro: Yambú, yambú, yambú, caballero

          Yambú, yambú, yambú, qué me muero



Coro: El yambú, pa’ los Maribá (13)



Títulos de Ignacio Piñeiro (14)



—A divertirse señores(guaguancó-son)

— Cadencia que electriza (guaguancó)

— Diana la rumbera (rumba)

— Dónde andabas anoche (rumba)

— El desengaño (guaguancó)

—El Edén de Los Roncos(guaguancó)

—En la cáscara de coco(guaguancó)

— Esta tremenda con dulzura (rumba-son)

— Eterna novedad (rumba)

— Guaguancó callejero (guaguancó)

— Guaguancó mamá (guaguancó)

— Guaguancó papá (guaguancó)

— Hay que bailarle suave (rumba)

— Impulcritudes o Qué gente (guaguancó)

— La trigueña hermosa (rumba-son)

— Llegó el genio (rumba-son)

—Los rumberos de La Habana (rumba-son)

— Los viudos quieren tornar (rumba-son)

— Maldito hombre (guaguancó)

— Malditos celos (guaguancó)

— Mañana te llevo niña (guaguancó)

— Marambe, maramba (rumba-son)

— Más calentito(rumba)

—Nino Jesús(clave)

— No la llores (guaguancó-son)  

— Palo Mallimbe (guaguancó)

—Plegaria a Severino y Santo Rivera(guaguancó)

—Porun trago de ron(guaguancó)  

— Prodigio de natura (guaguancó-son)

—¡Qué cosa más linda! (rumba)

— Qué gente señores(guaguancó)

— Retozona (rumba)

— Ritmo de tambor (guaguancó)

— Rompiendo el silencio (guaguancó)

— Saludo al Jurado (saludo)

— Su sangre vibra (rumba-son)

— Sueño a San Lázaro (plegaria)

— Yambú lindo (yambú)

— Yo lo vendo bueno (rumba-son)



REFERENCIAS:



(1)   Carpentier, Alejo. La música en Cuba. Ed. Letras Cubanas, 2004. Pág. 162-163.

(2)   León, Argeliers. Del canto y el tiempo. Editorial Pueblo y Educación, 1981. Pág. 146

(3)   Vázquez, Omar.La alborada del Primero de Enero. Febrero 2008. Pág. 3.

(4)   Betancourt, Lino - Daisy Martín. Artículo periodístico. Prensa Nacional. 1988.

(5)   López-Nussa, Leonel. Entrevista a Piñeiro, 1966. (citado por Omar Vázquez: “Ignacio”. Feb. 2008. Pág.2).

(6) López-Nussa, Leonel.Entrevista a Piñeiro en 1966. (citado por Omar Vázquez: Ignacio.Feb.2008.Pág. 3).

(7)   Santos Ramírez, Jr. Entrevista realizada por “Goyo”. La Habana.

(8)   Santos Ramírez, Jr. Entrevista realizada por “Goyo”. La Habana.

(9)   Herrera Díaz, Lázaro. Entrevista de Ivor Millar. La Habana, 1999. Pág. 14.

(10) Carbonell, Luis. Entrevista de Ivor Miller. La Habana. 1999. Pág.44.

(11) Piñeiro, Ignacio. Rumba (Versión de Carlos Embale. 1977. LP 50 Aniversario)

(12) Piñeiro, Ignacio. Guaguancó. Carlos Embale. EGREM. LD- 3810

(13) Piñeiro, Ignacio. Yambú. Mario Dreke, CD Rapsodia Rumbera.

(14) Relación tomada del folleto “50 Aniversario del Septeto Nacional Ignacio Piñeiro”. Museo de la Música, 1977. Ezequiel Rodríguez y Sra. Lafertity.


Cortesia del autor: Ricardo Roberto Oropesa Fernandez


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