sabato 30 giugno 2012

Los Van Van - La orquesta de estos tiempos (CUBARTE)



Quiero publicar este articulo de Guillermo Rodríguez Rivera, salido hoy en el sitio de CUBARTE, que habla de la epoca en que naciò la orquesta de Juan Formell, el contexto historico y los factores sociales que determinaron este acontecimiento.


Allá por el primer lustro de los años sesenta, yo andaba cumpliendo esos veinte años que son maravillosos para todo el mundo, sobre todo cuando se miran desde la distancia de muchos más y, ya estudiando en la Universidad de la Habana, me había hecho una persona un poco más seria que el adolescente que pocos años atrás bailaba con la orquesta Aragón.

En los primeros años de la Revolución, los cubanos, que somos un pueblo de bailadores, casi dejamos de bailar. Fueron muchas las causas. Había aparecido una revolución que lo estaba cambiando todo. La mayoría creíamos que ese cambio era para bien y, de pronto, teníamos demasiadas cosas que hacer y de qué preocuparnos. El trabajo, el estudio, la guardia de milicias, no dejaban tiempo para bailar.Y hasta hubo que atrincherarse o acuartelarse varias veces, esperando la invasión que finalmente ocurrió en 1961.

La Revolución entró también por la música revolviéndolo todo. De pronto, se podía vivir de ser músico culto. Un violinista, o un flautista, apenas unos años atrás, solo podían ganarse el pan tocando en una charanga, pero ahora el país empezaba a poblarse de sinfónicas, de cuartetos de cuerdas, de orquestas de cámara y de otras que acompañaban un teatro lírico que tenía sus compañías estables, y les pagaban un salario que les permitía, al violinista, al flautista y hasta al que tocaba el corno inglés, mantenerse y no preocuparse del baile de La Tropical que antes era lo que le proporcionaba los pesos que le permitían vivir.

Los músicos estaban contratados: recibían un salario y tenían la obligación de tocar programadamente aquí y allá, y la lucha por “amenizar” un baile y otro, se fue haciendo cada vez menos importante. Los músicos viejos tocaban la misma música que venían ejecutando desde muchos años atrás, y los más jóvenes, que empezaban a emerger de las escuelas de arte ?que fueron de las primeras obras de la cultura revolucionaria?, ansiaban experimentar, porque ese fue uno de los tempranos logros de la vida revolucionaria. La experimentación llegaba hasta hacer música dodecafónica, aleatoria, serial, electrónica; con el simpático escepticismo de mi amigo Rine Leal, que le decía a Juan Blanco que nunca sería importante una música que no se podía tararear.

Los jóvenes compositores que aparecían, iban a integrar la también renovadora Nueva Trova, que todavía no se llamaba así, y que apenas empezaban a ser las canciones de Pablo Milanés, de Silvio Rodríguez y, muy poco después, también las de Noel Nicola.

Se había creado la Orquesta Cubana de Música Moderna, un jazz band con excelentes intérpretes pero con un repertorio y un modo de hacer muy poco novedosos, hasta el punto de que las peores lenguas la llamaban la Orquesta Cubana de Música Americana Antigua.

Benny Moré había muerto tempranamente, haciendo su música de siempre ?como había decidido quedarse en Cuba, ya la RCA Víctor no le grababa?; y la Aragón sonaba como había sonado toda la vida, pero la gente quería otras cosas.

Aquella orquesta apareció como un relámpago, pero poco a poco. Porque lo que ha demostrado el tiempo es que Los Van Van son Juan Formell, pero Juan Formell no apareció con Los Van Van.

Yo, que me pasaba a cada rato por el Caribe, el cabaret que funcionaba en el mezanine del Hotel Habana Libre ?en esos tiempos era muy barato?, escuché allí a un joven bajista que tocaba para la orquesta de Elio Revé. El guantanamero Revé quería rescatar el changüí, esa peculiar variante rural del son, que los campesinos de Yateras ejecutaban con los instrumentos que tenían a mano: un cajón para la percusión, un tres que además de acompañar, cantaba, y un guayo de cocina que presagiaba lo que haría luego el güiro con más refinamiento, unas maracas, y la inagotable voz de los changüiseros que coreaban e improvisaban hasta lo inimaginable.

Revé llevaba el changüí a su mucho más conocido formato de la charanga, el de su orquesta, pero su joven bajista aspiraba a otros cambios. Formell era también de esos jóvenes músicos que habían nacido con la Revolución y que tenían el espíritu renovador que ella había traído al país. 

En los tiempos en que más duro se hacía el enfrentamiento que impulsaron contra Cuba todos los gobiernos norteamericanos desde Eisenhower y Nixon, la música anglosajona había desaparecido de los escenarios y las teledifusoras cubanas. Pero Cuba había tenido un permanente intercambio musical con los Estados Unidos, especialmente a través de Nueva Orleáns, que era el principal enlace con La Habana, y no el Miami que emergió después del exilio cubano.

De pronto, los que oían la orquesta de Elio Revé, (junto a Juan Formel en la imagen) tropezaron con, el changüí-shake, una novedosa fusión del joven compositor Juan Formell.

1969 se llamó en Cuba el “Año del Esfuerzo Decisivo”, porque era el de la imprescindible preparación para lograr los 10 millones de toneladas de azúcar que se planeaban hacer en 1970. No se hicieron, pero se puso en circulación una consigna tan triunfalista como nuestra: “Los 10 millones van”; que, por si había duda, se ratificaba con otra: “Y de que van, van”.

Lo que de veras fue, resultó ser la aparición de una formación musical llamada a inscribirse en la gran tradición de las mejores orquestas cubanas, las emblemáticas, las que marcan y definen las épocas: la de Valenzuela, la de Cheo Belén Puig, la Casino de la Playa, la de Arcaño, la Sonora Matancera, el conjunto de Arsenio Rodríguez, que después fue de Chapottin, la Orquesta Almendra, la de Mariano Mercerón, la Riverside, el conjunto Casino, la de Ernesto Duarte, la de Bebo Valdés, la América, la banda gigante de Benny Moré, la Aragón.

Formell había fundado una nueva orquesta que, cubanísima e inscrita en nuestra herencia, sonaba de modo diferente; y los cubanos arrancaron a bailar, otra vez.

Como era una charanga de la Revolución, Formell la hizo relatar cosas de una nueva época nacional; pero no para hacer propaganda, si no porque estaban orgánicamente inscritas en la vida de los cubanos. El De 5 a 7 cantaba las dos horas de amor de la pareja de trabajadores, que en la noche acudían a estudiar. La Habana joven era una celebración del adolescente becario en una escuela en el campo, que venía el fin de semana a disfrutar la ciudad con su amada:

... 
Juventud es divino tesoro,
Yo soy joven y lo tengo todo:
Una escuela en el campo y un fin de semana en La Habana,
(Sí señor)
Con mi amada en La Habana
(Cómo no)
...

Era la propia voz de Formell la que contrapunteaba esas dos frases, que eran una evocación de Miguel Matamoros, nuestra tradición misma.

Formell no titulaba gratuitamente: esa era la imagen de La Habana que nacía y que iba a ser la del futuro.

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